Comunicarnos con nuestra mascota y aprender a hacerlo de la manera justa puede ser una experiencia enriquecedora si sabemos interpretar el lenguaje y las señales correctas.

El lenguaje de los gatos:

Las formas más comunes de lenguaje son las vocales, con diferentes formas de maullido y el clásico ronroneo, aunque con un poco de observación podemos interpretar algunas posturas corporales, marcas visuales y todo un abanico de expresiones faciales. La comunicación olfativa no es posible de evaluar -por el olfato del ser humano-, aunque  podemos utilizarla a nuestro favor considerando que hemos conseguido sintetizar unas sustancias, las feromonas, muy importantes para modificar la percepción del ambiente por parte de los gatos.

Es curioso señalar que el maullido no sea la forma de comunicación de los gatos más utilizada entre ellos, si no que lo utilizan con más frecuencia para comunicarse con el hombre. Una posible explicación puede ser que hayan aprendido -durante su proceso de domesticación- a comunicarse así con nosotros, aunque algunas teorías afirman que el gato manifestaría así su relación de dependencia con las personas -teniendo en cuenta que el maullido es la forma con la cual los gatitos se comunican con su madre-.

Por otro lado, todos reconocemos los gritos emitidos por los gatos que se disputan a una hembra en el período del celo, los gruñidos que emiten sobre todo si nos acercamos a una presa que han capturado. Asimismo, el ronroneo se genera por un complejo mecanismo neuronal que controla la apertura y cierre de la glotis de forma rítmica. Es utilizado por los gatitos ya poco después de su nacimiento y lo utilizan mucho mientras maman. Más tarde, lo utilizan en situaciones placenteras, cuando los acariciamos, cuando se frotan con algún objeto, también lo usan cuando están enfermos o experimentan dolor intenso. Este comportamiento podría indicar búsqueda de ayuda o contacto, o ser utilizado por calmarse a sí mismos.

Los gatos son capaces de “conversar” entre ellos sin emitir algún sonido, ya que lo hacen a través de su postura, por mencionar una de las más importantes son:  la posición de la cola, la forma de su cuerpo, el pelo y, dentro de las numerosas expresiones faciales, la evaluación de las pupilas y de las orejas.

Además, algunos comportamientos pueden decirnos algo fundamental acerca de la salud física y mental de nuestro gato. No solo la aparición de comportamientos nuevos, sino también la desaparición de algunos normales pueden ayudarnos a entender si el gato goza o no de buena salud. Por ejemplo, un gato puede dejar de asearse y esto en la mayoría de los casos es síntoma de algún tipo de malestar. Los gatos tienden a enmascarar sus enfermedades y en muchos casos algunos propietarios pueden darse cuenta de que su gato está enfermo cuando ya la enfermedad ha avanzado mucho. Esta señal puede ayudarnos a saber cuándo es hora de contactar con un veterinario para que realice un chequeo completo a nuestro gato.

Fuente:
Foyel

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