Una de las cualidades por las que es valorado el caballo, es por su capacidad para el deporte. Y el carácter es un rasgo importante a considerar. Por tanto, es ideal considerar:

-Si demuestra buena disponibilidad, es decir, capacidad para comprender y seguir las órdenes del jinete.

-Cuando reacciona de manera positiva ante las dificultades o los errores cometidos.

-Si tiene buena capacidad para trabajar bajo presión y buen nivel de nervio.

Todas estas características no se vinculan directamente al “buen carácter” ni a los temperamentos tranquilos. Pero sí tiene que tener un buen grado de docilidad.

Hay que tener presente que el caballo se comunica con los de su especie. La observación de las maneras en las que se comporta, postura del cuerpo y movimientos que realiza, ayudará a conocer qué formas tiene de comunicar, para detectar y así, generar confianza e identificar su carácter.

Además, hay que tener en cuenta que el caballo se guía por instintos, siendo el más potente el de  preservación. Ante la posibilidad de una amenaza, reacciona.  Por ende, se trata de un animal social, que vive en manadas cuando se encuentra en estado natural y que manifiesta sus emociones. Tiende a ser dominante y establece una jerarquía de dominio, sin ser violento.

El carácter del caballo se relaciona con aquello que caracteriza al animal durante la mayor parte del tiempo. Todo ello puede educarse. Se relaciona a su disponibilidad para aprender, a la voluntad para entrenar, o a la docilidad.

Por otro lado, el temperamento se relaciona con el tipo de raza o línea de sangre. Y existen tres tipos de caballos:

-Los de sangre caliente: llamados también de pura raza; son los más activos, nerviosos y alertas. De mejor monta.

-Los de sangre tibia: son aquellos producto de la cruza entre los de sangre caliente y fría.

-Los de sangre fría: son por lo general tranquilos, mansos, provienen de razas pesadas de tiro.

 

Fuentes:

 

Noticaballos

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